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Arteaga

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Palomas…

Otra fundación tlaxcalteca

(31  de octubre de 1591)

Enmarcada en un fenómeno regional, a partir de la fase de la Colonización, ocurrida en el último tercio del siglo XVI, y con la influencia de las poblaciones cercanas, se registra un fortalecimiento de la comunidad, dando como resultado la fundación de este lugar.

Catorce años tenía de haber sido fundada por el Capitán Alberto del Canto la Villa de Santiago del Saltillo, y de todos era conocido que sus habitantes no veían prosperar su Haciendas, -entendiendo estas como el lugar en donde sembraban y criaban su ganado- ya que la astucia, sagacidad y constante acoso del nómada del lugar, les robaban su ganado y productos del campo, asaltaban continuamente a los viajeros que llegaban por estos rumbos.

Dicho problema no era exclusivo de la Villa del Santiago del Saltillo, todos los pueblos fundados en la Gran Chichimeca –San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Querétaro y Guanajuato- vivían en constante zozobra. Es por ello que , con gran insistencia, sus autoridades pedían al Virrey mas y mas soldados para proteger sus vidas, intereses mineros, agrícolas y ganaderos.

Don Luis de Velasco, Virrey de la Nueva España, estaba enterado de este gran problema mucho antes de tomar posesión de su cargo en 1590, y para solucionarlo tomó muy en cuenta la propuesta del Capitán Mestizo, Miguel Caldera y la cual proponía que “Se fundaran varios pueblos con indios amigos ya civilizados, que fueran el espejo en donde se miraran los chichimecas, mostrándoles y demostrándoles las bondades de una vida sedentaria, enseñándolos a construir sus casas, a sembrar y cosechar, pero lo más importante, que fueran instruidos en la religión católica a fin de salvar sus almas, aunque no entendiéramos que ellos tenían sus propios ritos y celebraciones para tal y más acontecimientos.

De tal modo, se da un giro de muy significativo en la estrategia establecida, enviando indios amigos y sacerdotes, en vez de soldados.

El Rey Felipe II, consultado al respecto, autorizó el 14 de marzo de 1591 a don Luis de Velasco, para que pusiera en práctica esa idea y ver si finalmente se lograba la pacificación del septentrión, concediéndoles a los nuevos fundadores y colonizadores privilegios especiales.

Desde tal fecha, don Luis de Velasco se entrevistó con don Gregorio Nacianceno, gobernador de la Provincia de Tlaxcala, exponiéndole los deseos del Rey y solicitándole 400 familias para que fueran a poblar y pacificar la tierra de la gran chichimeca, con lo cual se traerían grandes beneficios a Dios y a la Corona.

Les prometió, a quienes emprendieran dicha empresa, mercedarles, a nombre del Rey, tierras y agua en abundancia, auxiliándolos con bastimentos, por el término de dos años o hasta que dieran frutos sus sementeras, dotándolos de implementos agrícolas y un pie de cría de ganado bovino, caprino, ovino y aves de corral.

Las familias solicitadas debían de ser agricultores, artesanos, alarifes (Maestro de obra o Albañil), carpinteros, maestros de escuela, maestros de capilla, varios nobles que gobernaran en dichos pueblos.

Además, se estipuló que todo indio de la Provincia de Tlaxcala, que saliera a poblar en tierras de chichimecas, sería considerado, con sus descendientes, perpetuamente hidalgo (Miembro de la Nobleza), libre de tributo, sisa (Pequeña cantidad de dinero que se debe, especialmente en la compra diaria), pecho, alcabala (impuesto) o servicio personal que estuviera vigente o que en adelante se creara.

Se dejó bien claro que “LOS PUEBLOS QUE FORMARAN FUERAN EXCLUSIVAMENTE DE TLAXCALTECOS” muy aparte de los españoles o de otras tribus.

Se prohibió a los españoles y a los religiosos comprarles sus solares.

Otra prerrogativa que obtuvieron fue, “Que los indios principales que formaran parte del contingente, tanto ellos como sus descendientes, podrían tener y portar armas, montar a caballo y anteponer a su nombre el DON”

Finalmente, la mañana del 6 de julio de 1591, salió la Caravana con 400 familias de los señoríos de Quiahuiztlán, Ocotelulco, Tepectipac y Tizatlán.

La caravana estaba al mando del Capitán General don Agustín de Hinojosa Villavicencio, quien la escoltaría con su tropa hasta dejarlos establecidos.

En Cuicillo –hoy Albergue del Vado, población perteneciente al municipio de Ciudad Valles en San Luis Potosí un tren de 30 carretas de Pedro Gentil, sumando 246 personas entre hombres, mujeres, niños, tres padres Franciscanos, fray Juan de Terrones, fray Christobal de Espinoza y fray Alonso de Montesinos y, como representantes de las autoridades tlaxcaltecas, don Buenaventura de Paz y Joachín de Velasco, ambos indios principales, el primero nieto del rey guerrero Xicoténcatl, todos pobladores de Tizatlán, y quienes  fueron recibidas por don Francisco de Urdiñola, nombrado por el Gobernador de la Provincia de la Nueva Vizcaya, don Rodrigo del Río de Loza, su teniente gobernador, para que en su nombre hiciera el asentamiento y reparto de tierras.

Se asegura que un gran número de los pobladores de Tizatlán son parientes cercanos, pues el gobernante de dicho señorío, Xicoténcatl el viejo, tuvo más de 500 esposas.

Urdiñola salió de Cuicillo con dichas familias a mediados de agosto de 1591, llegando a Saltillo a finales del mismo mes, pues el 2 de septiembre presenta a las autoridades de Saltillo su nombramiento y órdenes para fundar el pueblo, además de pedirles tierras y agua para darlas a sus recién llegados.

Don Francisco de Urdiñola inició su cometido de otorgar las mercedes y dar posesión de ellas el 13 de septiembre de 1591, iniciando así la fundación de este pueblo con las siguientes prerrogativas:

  • Que donde hubieren de hacer sus asientos no les manden poblar juntamente con los españoles, sino distintos y de por sí, de suerte que sí pueblan cerca unos de otros, sea con distinción de barrio, y prohibición a los españoles que no puedan tomar ni comprar solares del barrio de los tlaxcaltecas.
  • Que el repartimiento que se hiciere para las poblazones de tierras sea apartado y distinto, de suerte que el de los tlaxcaltecas esté de por sí y el de los chichimecos por el consiguiente, y se señalen y se amojonen igualmente, de manera que en todo tiempo y para siempre las tierras, pastos, montes, ríos, pesquerías, salinas y molinos y otros géneros de haciendas estén señaladas a cada parte, sin que en ningún tiempo puedan los unos indios entrar en la pertenencia de los otros y en tierra de estancia ni en otra razón ni causa.
  • Que cinco leguas por lo menos de las poblaciones no se pueda hacer merced de estancia para ganado mayor.
  • Que no pueden entrar ganados menores a agostar en las tierras de pan de las dichas poblazones sin voluntad de los indios y sucesores.
  • Que las tierras y estancias que se le dieren y repartieren a los tlaxcaltecas, así para particulares como para su comunidad, no se las puedan quitar por despobladas.
  • Que los mercados que hicieren en las poblazones sean francos, libres de alcabala y de cualquiera género de imposición y sisa.
  • Que los indios, tlaxcaltecas y sucesores y descendientes, demás de ser hidalgos y libres de todo tributo, gocen las libertades, exenciones, privilegios que al presente gozan y para adelante gozare la dicha ciudad de Tlaxcala y se le concediere por los reyes de Castilla mis progenitores y sucesores.
  • Que los indios principales de la dicha ciudad que fueren a la dicha población y sus descendientes puedan tener y traer armas y andar a caballo ensillado sin incurrir en pena. Y para hacer el viaje se les dé bastimento necesario y ropa, y por espacio de dos años les ayuden con esto y con romper las tierras para sementeras. Que se dé carta y real provisión que se mande guardar estas capitulaciones como convenga…

Por lo que a los religiosos de la Sefárica Orden (De la Orden de San Francisco de Asís), les fue asignado el sitio para levantar en Convento (Hoy de San Esteban).

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Justo al norte se delimitó una amplia Plaza, y al frente a ella, también lado norte, las autoridades civiles tomaron posesión del sitio para sus casas reales, cárcel, hospital y las casas de uso comunal.

Una vez trazadas las manzanas y calles, se repartieron solares para casa y huerto a cada cabeza de familia, las cuales quedaron distribuidas en cinco Barrios, los cuales pusieron bajo la tutela de santos patronos, cuya devoción era frecuente en Tlaxcala: San Esteban, Santa Ana, San Buenaventura, la Limpia o Inmaculada Concepción y Nuestra señora de la Candelaria o de la Purificación.

En cuanto a los indios nativos, se les asignaron terrenos separados, quedando los Rayados al norte de las casas reales y los Huachichiles al sur del Templo de San Esteban.

De igual forma se les otorgaron aguas, pastizales y tierras labrantías para ejidos del pueblo, terrenos donados por los vecinos de la Villa del Santiago y los cuales nunca estuvieron libres de conflictos, por los intentos de españoles y criollos de apoderarse de ellos.

De estas mercedes otorgadas, es donde el 31 de octubre de 1591, el mismo capitán Francisco de Urdiñola fundó oficialmente el lugar denominado “PALOMAS”, conservando su nombre y otorgando a dichos tlaxcaltecas, tierras para siembra de trigo, maíz y cebada.

En aquella fecha hizo merced a Don Buenaventura de Paz, indio principal tlaxcalteca, y a Don Joachín de Velasco, Gobernador del pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala. A cada uno le repartió un sitio de ganado menor y cuatro caballerías.

“…En el agua que viene de Palomas, por detrás de estas sierras, y sale por la quebrada que viene de Zapalinamé, como a tres leguas de esta dicha Villa (Saltillo), por más o menos, por donde mataron a Cristóbal de Sagastiberri… junto a unos cerrillos que corre el agua de oriente a poniente y esta como a legua y media del molino de Juan Navarro…” 

No obstante, estas grandes mercedes permitieron a los tlaxcaltecas ser dueños de ganado vacuno, caballar, caprino y ovino, durante el siglo XVII y aunque estas Mercedes fueron vendidas en 1609 por Juana Naveda, viuda de Buenaventura de Paz, y Francisca Téllez, viuda de Joachín de Velasco, a Mateo Tenorio, vecino de Saltillo, con permiso del alcalde mayor, Baltasar del Castillo, e intervención de Domingo de Sorrazu, juez y protector de los indios Huachichiles y tlaxcaltecas poblados de paz en el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

A este lugar se le dio el nombre de Palomas de Afuera, con la intención de identificar al lugar en donde se asentaban los tlaxcaltecas y Palomas de Adentro en donde dominaban los Huachichiles.

Palomas de Afuera, comprendía lo que hoy es la Villa de Arteaga, Bella Unión, el Cañón de la Carbonera y al sur hasta San Vicente, (Los Chorros), y Palomas de Adentro, Huachichil, San Antonio de las Alazanas, Escobedo, Jamé, Los Lirios y Potrero de Ábrego.

Así se mencionaba en los documentos de las Mercedes hechas en Palomas, por el Capitán Francisco de Urdiñola, a Don Buenaventura de Paz y a Don Joachín de Velasco en los documentos para la historia de Coahuila. Colección Vito Alessio Robles, MS Tomo IV, exp. XXVII, fojas 158-173.

Con el tiempo, convivieron en estas tierras los tlaxcaltecas, huachichiles y españoles, convirtiendo esta región en zona productora principalmente de trigo.

Posteriormente en 1608, llegaron a estas tierras irlandeses de apellido O´Davis, obteniendo posteriormente posesiones de tierras y aguas.

En 1624 y 1635 se describen las sublevaciones de los indios huachichiles, que causaron la muerte y destrucción de mucha gente; el causante de estas sublevaciones fue Martín López, Alguacil Mayor del Saltillo, quien tenía la costumbre de acompañarse de un grupo de personas con las que hacía correrías por los  ranchos de la sierra -hoy Arteaga-  con el propósito de robar a los indios sus pequeños hijos y después venderlos a los españoles, dueños de los feudos mineros de Parral y Durango.

 Para el 10 de diciembre de 1676 Doña Juana de Cepeda, viuda del dueño de la famosa Hacienda de San Isidro de Palomas, Don Bernardo de los Santos Coy, se casa con Balcárcel, empresario del vecino pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, quien vivió en dicha hacienda hasta diciembre de 1677, ya que con motivo de una persecución de las autoridades del Saltillo, Balcárcel se trasladó con su esposa a Cerralvo en el Nuevo Reino de León. Su muerte ocurre a principios de 1678.

 El 10 de febrero de 1790, se celebró la primera misa en el templo de San Isidro Labrador, por el bachiller José Quintín de Arizpe.

Esta población continuó dependiendo de Saltillo hasta el 29 de diciembre de 1866, cuando por Decreto del Gobernador, Comandante Militar General Andrés Saturnino Viesca, se le concedió el título de Villa a la antigua Congregación de San Isidro de Palomas, y se le denominó “ARTEAGA”, para honrar la memoria del Ilustre General José María Arteaga Magallanes, quien habiendo nacido en la Ciudad de México el 7 de Agosto de 1825, ocupó la gubernatura del estado de Querétaro. Murió en Uruapan a mano de los franco-traidores el día 22 de noviembre de 1865.

Adoptándose oficialmente el nombre de Arteaga e integrándose con el mismo nombre al Municipio, las autoridades municipales de Saltillo tomaron la decisión sobre el trazo urbano de la antigua Hacienda de San Isidro de Palomas, ya que el núcleo de la congregación se encontraba al poniente de esta en donde hoy se ubica el barrio de Los Portales.

“…la comisión nombrada para el efecto midió y trazó un cuadro tomado por el centro de la Capilla, tirando la medida desde el punto al oriente hasta la última casa, igualmente des-de el punto céntrico se tiró otra líneas hacia el poniente con la misma longitud que se le dio a la anterior, en cuanto a los rumbos de norte a sur se tirará una medida según lo tenga a bien la comisión, debiéndose formar al poniente de la Capilla una plazuela bien proporcionada.

 No se permitirá bajo ningún pretexto que se continúen fabricando casas de la Capilla al oriente sin que primero se halle poblado al poniente, vigilando que las casas estén alineadas de modo que el lugar tenga una vista armoniosa y no pase lo que en Saltillo con sus calles estrechas y torcidas al permitir, los fundadores, a los primeros colonos construir sus viviendas siguiendo el curso de los arroyos y bordear accidentes naturales del terreno”.

La traza urbana antigua y su arquitectura vernácula aún se conservan, formando parte importante de nuestro patrimonio, del atractivo turístico y por qué no decirlo, de nuestro orgullo.

Sin embargo, el desarrollo nos ha alcanzado y son ya un sinnúmero de colonias urbanas que se han asentado y que forman parte de una nueva etapa en la vida del municipio, nos corresponde a esta nueva generación, cuidar la identidad y las raíces que nos dieron origen, inculcando principalmente en nuestros hijos, el amor por la tierra, la pasión por la lucha y el esfuerzo diario para el trabajo.

Algunos de los apellidos tlaxcaltecas que aún sobreviven en nuestra gente: Valverde, de la Fuente, Morales, Cortés, Guajardo, Maldonado, De la Cruz, De León, De la Rosa, Fuentes, De Luna, Vidales, Cárdenas y Sánchez.

En resumen…

La riqueza de la información histórica, da cuenta a través de sus testimonios, de la creación de nuestro municipio y de la evolución de sus comunidades desde 1591 hasta nuestros días, de los acontecimientos económicos, políticos y sociales suscitados en la entidad, así como los del resto del País que afectaron a Palomas –hoy Villa de Arteaga- y viceversa, tales como la Independencia, las diferentes rebeliones suscitadas en la sierra, la Invasión Norteamericana, la Intervención Francesa, la bonanza minera, el Porfiriato, la Revolución Mexicana y otros más.

 

CRONISTA DE ARTEAGA, COAHUILA DE ZARAGOZA.

Arq. Mario Alberto Monjaráz de León

Villa de Arteaga, lunes 31 de octubre del año 2016